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La velocidad con la que Euler elaboraba trabajos matemáticos
es legendaria. Cuando finalizaba un artículo se lo enviaba al
editor de las actas de la Academia de San Petersburgo. Este lo colocaba
en lo alto de un montón al que después acudía cuando
necesitaba material para llenar las actas, de modo que los artículos
de Euler muchas veces se publicaron en orden inverso al de elaboración.
Lo peor es que su afán de perfeccionar sus resultados hacía
que Euler volviese varias veces sobre un mismo tema y escribiese distintos
artículos en orden creciente de perfección y complejidad
sobre el asunto. Al publicarse algunos de estos trabajos en orden cronológicamente
inverso, es fácil imaginar la confusión en la que se ve
sumido el pobre investigador que se sumerge en dichas actas.
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