Eva
En esta película sobre la inteligencia artificial, lejos de caer en el topicazo de la falta de sentimientos de los robots, se plantea que estos tendrán sus sentimientos, y que su diseño será tarea de expertos programadores.
Se trata de una cinta inteligente, emotiva y perturbadora, porque plantea qué hacer con una inteligencia cuando funciona mal.
Es todo un gesto de elegancia huir del metal reluciente y optar por el cristal para representar la tecnología de programación de las emociones.
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