Yo traspasaría un día un umbral, para entrar en un parque que era gigantesco, realmente infinito, una belleza, las invenciones artísticas se sucedían en ese parque. Plantas y músicas alternaban en esa Naturaleza de la forma más maravillosa, matemáticamente y de modo sumamente agradable para el oído, hasta las más altas ideas del refinamiento: pero no podría recorrer en absoluto ese parque, es decir, disfrutarlo, porque se componía de miles de islotes, de fragmentos de césped pequeños y pequeñísimos, cuadrados y rectangulares y circulares, que estaban tan aislados que no podría dejar aquel en que me encontrara.